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El mal uso de la IA pone en jaque a medios y empresas

En este último tiempo, me ha sorprendido ver cómo medios gráficos devenidos digitales, portales y empresas de larga trayectoria publican contenidos generados íntegramente por inteligencia artificial, sin revisión ni curaduría alguna. Textos que se suben tal cual salen de un agente automático, con errores, repeticiones o lugares comunes que cualquier editor humano detectaría en segundos.

El problema no es la herramienta. La IA puede ser un gran aliado para ganar productividad, agilizar procesos y hasta abrir nuevas posibilidades creativas; el problema es el uso irresponsable, creer que volumen equivale a calidad y que la inmediatez reemplaza a la confianza.

Cuando un medio o una marca decide publicar sin revisar, lo que está diciendo en silencio es que su lector le da lo mismo, que la audiencia no merece tiempo ni criterio, que la relación de confianza puede hipotecarse a cambio de un puñado de clics.

¿Y los anunciantes? Muchos de estos espacios viven de la pauta. El problema es que pareciera que olvidan que lo que un auspiciante más valora no es la cantidad de notas diarias, sino la calidad del entorno donde aparece su marca. Nadie quiere estar asociado a un espacio que banaliza la información.

La IA no vino a eliminar la creatividad ni la mirada humana, vino a ponerlas en valor. Porque cuando todos pueden producir más y más rápido, lo único que hace la diferencia es el criterio, la capacidad de seleccionar, editar y cuidar lo que se publica.

El desafío no está en generar, sino en atreverse a curar. Con tanto contenido dando vueltas, el verdadero diferencial será siempre la calidad.

La IA puede acelerar, multiplicar y simplificar procesos. Pero ninguna tecnología puede reemplazar la confianza, la reputación y la credibilidad que tardaste años en construir.

A esos medios y a esas empresas les diría: no deleguen en un algoritmo lo que define su valor. Revisar, editar y curar no es un lujo ni una pérdida de tiempo, es la única manera de sostener la relación con lectores, clientes y anunciantes.

Antes de que sea tarde, apuesten por la calidad, porque en un mundo saturado de contenido, lo único que realmente importa, y lo único que va a sobrevivir, es aquello que se hace con criterio. Y ahí nuestro “toque” es lo que suma.

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