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El valor de la curaduría humana en tiempos de algoritmos

Durante años nos vendieron que el algoritmo era el puente perfecto para conectar con nuestra audiencia. Que con sus cálculos podía mostrar exactamente lo que queríamos ver, basado en nuestras últimas búsquedas, clics o compras. Pero eso tiene trampa.

El algoritmo ya es una curaduría hecha de antemano, diseñada con intereses y objetivos que no siempre priorizan la diversidad o la calidad, y el resultado termina siendo más de lo mismo. Recomendaciones que refuerzan lo que ya consumimos, encerrándonos en burbujas y dejando afuera miradas distintas que podrían enriquecernos.

Curar no es predecir

La curaduría no es “adivinar” lo próximo que vas a mirar, leer o comprar; es elegir con criterio, es sumar contexto, entender matices y abrir posibilidades. No se queda con lo que es tendencia hoy, sino que rescata lo que es relevante aunque esté fuera del radar.

Y ahí aparece la sensibilidad humana, eso que ningún algoritmo, por más sofisticado que sea, puede replicar.

Cuando hay un curador aparecen voces y fuentes que de otra manera quedarían invisibles. Hay contexto cultural y social para entender por qué eso importa, sabemos quién eligió y con qué criterio, y por ende, se genera una conexión auténtica, no solo clics.

Un camino posible

No debemos pelear contra la tecnología, tenemos que buscar la forma de equilibrarla. Algunas plataformas ya lo hacen, combinando la recomendación automática con colecciones elegidas por personas, y hasta surgen proyectos que apuestan directamente a feeds curados de forma humana, sin algoritmos de por medio.

Por qué importa

No estamos en guerra contra la tecnología, buscamos un equilibrio. Plataformas como Netflix y YouTube Kids ya lo hacen ofreciendo colecciones humanas junto a recomendaciones algorítmicas; Flipboard mezcla revistas creadas por usuarios con ajustes editoriales; Apple Music suma playlists curadas; Hulu separa lo trendy seleccionado por personas y lo personalizado por IA; Apple News compara secciones destacadas por editores frente al algoritmo; y proyectos como PI.FYI o Spread promueven feeds curados íntegramente por personas.

Si el algoritmo ya decide qué vemos, ¿qué rol queremos darle a la curaduría humana?

Este es solo el primer paso para repensar cómo conectamos con las audiencias en la era digital. En los próximos artículos voy a explorar cómo se construye una buena curaduría, qué habilidades se requieren y qué pasa cuando la dejamos en manos de la inteligencia artificial.

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